La última imagen de San Martín en La Ciudadela fue la de un plantel abrazado en ronda en el círculo central, saltando con los hinchas tras el 1-0 sobre Gimnasia y Tiro. Fue un festejo de desahogo más que de fútbol. Una semana después, la derrota ante Atlanta en Villa Crespo le devolvió la angustia: el “Santo” es décimo en la zona B, con 43 puntos, a cuatro de Colegiales, el último que hoy entra al Reducido, y con apenas tres fechas por jugar.
El domingo, desde las 18.30, volverá a su estadio para recibir a Midland. Será la primera de las dos finales que le quedan en Bolívar y Pellegrini, ya que la fase regular se cerrará allí ante Colegiales; en el medio visitará a Quilmes. El margen de error ya no existe: necesita sumar los nueve puntos y, aun así, esperar que tropiecen al menos dos de los cinco equipos que tiene por delante. Alejandro Orfila lo admitió tras la derrota del domingo. “Vamos a necesitar sumar nueve de nueve, esa es la lógica, y dependeremos de algunos resultados”, reconoció.
Una campaña de empates
En casa, el problema no fue perder, sino ganar. En 16 partidos en Tucumán, el “Santo” ganó apenas seis, empató ocho y perdió dos. La mitad de las veces que jugó ante su gente terminó repartiendo puntos, y en tres de esos empates ni siquiera convirtió: igualó 0-0 con Patronato, Tristán Suárez y Quilmes. Sumó 26 de los 48 puntos en juego, un 54% de efectividad, lejos de lo que necesita un candidato. Atlanta, el último verdugo, ganó 11 de sus 17 partidos como local.
El empate es, en realidad, la marca de toda la temporada. San Martín igualó 13 de sus 33 partidos, casi cuatro de cada 10, y en la zona solo Patronato (16) y Tristán Suárez (14) repartieron más puntos. La cuenta duele: si la mitad de las igualdades en La Ciudadela se hubiesen transformado en victorias, hoy tendría 51 puntos y estaría dentro del Reducido.
Incluso el buen momento reciente tiene matices. El equipo lleva cinco partidos sin perder como local desde la caída 2-1 contra Temperley, en la fecha 22, pero tres de ellos fueron empates consecutivos, ante San Martín de San Juan, Deportivo Madryn y Güemes. Recién después llegaron los triunfos contra Agropecuario y Gimnasia y Tiro, ambos sin goles en contra.
La clave: el arco en cero
Los números marcan un camino claro. De las seis victorias en casa, cinco llegaron sin goles en contra. Con Orfila, la tendencia es todavía más clara: los tres triunfos en La Ciudadela fueron con la valla invicta (3-0 a Almagro, 3-0 a Agropecuario y 1-0 a Gimnasia y Tiro), mientras que en los cuatro partidos en los que le convirtieron no pudo ganar, con tres empates y una derrota.
Ezequiel Parnisari lo había anticipado antes de viajar a Buenos Aires. “Si nosotros mantenemos el arco en cero, en cualquier momento podemos desequilibrar adelante porque tenemos jugadores muy buenos”, explicó el defensor.
La otra mitad de la ecuación es la eficacia. Ante Atlanta, según Orfila, el equipo generó seis situaciones claras y no concretó ninguna; en casa, los tres 0-0 muestran el mismo déficit. Midland, quinto con 51 puntos, le ganó 2-0 en la primera rueda y viene de golear 4-0 a Atlético de Rafaela, por lo que el “Santo” deberá ser sólido atrás sin resignar contundencia adelante.
Para colmo, el plantel llega diezmado. Nahuel Gallardo cumplirá la segunda de sus tres fechas de suspensión, mientras que Luca Arfaras, Gonzalo Rodríguez y Leonardo Monroy siguen bajo observación del cuerpo técnico. Como contrapartida, Orfila podrá volver a contar con Matías Ignacio García y Diego Diellos.
El desafío es inédito para este equipo. En todo el torneo nunca ganó tres partidos seguidos y, como local, tampoco encadenó más de dos victorias consecutivas. Si derrota a Midland, sumará por primera vez tres triunfos seguidos en su estadio. Después deberá repetir en Quilmes y ante Colegiales. La Ciudadela puede empujar, pero ya no alcanza con no perder: esta vez, el empate también es una derrota.